Mama, cuando sea grande no quiero ser policía

Hace varios días tuve la oportunidad de ver una película de origen español que parodiaba al típico sujeto policía de bajos fondos, viejo gordo de corbata y lentes “apatrullando” la ciudad por las noches, hostigando latinos, marroquíes y siendo permisivo con escenas de violencia familiar, machismo y delincuencia ejecutada por sus conciudadanos españoles o cualquier otra persona que a simple viste se encuentre en ventaja.

La película se llama “Torrente” y su protagonista en la historia es José Luís Torrente, “el brazo tonto de la ley”. No se trata de una gran obra del cine español. Todo lo contrario. Es bastante cutre y defectuosa, me atrevería a decir que fue un rodaje de bajo presupuesto, pero lo curioso de todo es que luego, al terminar de ver la película, estuve pensando por un largo rato a modo de ejercicio mental como seria nuestro “Torrente” a lo venezolano.

El “Torrente” venezolano podría llamarse Yonathan Álvarez, no hay nombre mas venezolano que un “Jonathan” o “Yonathan”. Estoy completamente seguro que trabajaría en el CICPC y que su rango no seria mas que el de un agente o detective. Andaría armado con una Glock de la cual sólo se le vería la empuñadura sujetada por su saludable barriga de cervecero. No hay que ser un sociólogo para saber que la religión que profesa Yonathan el PTJ es la santería, le pide favores a la corte malandra que preside el chamo Ismael, adora a yemaya elegua maferefun y otras raras deidades africanas, siempre anda con vistosos collares de pelotitas y su chapa, ese icono que lo hace diferente a todos los mortales, ese credencial que grita a los ojos del resto que Yonathan Álvarez es un ciudadano ilustre venezolano perteneciente a la recargada nomina del ministerio de interior y justicia, y que justifica su salario laborando como distinguido funcionario del honorable cuerpo de investigaciones científicas penales y criminalísticas conocido como CICPC o antigua PTJ.

Yonathan o simplemente “el yoni” como le conocen sus amistades, siempre anda a bordo de un Chevrolet Corsa Opel, vehículo que ostenta como su propiedad aunque todos sus colegas sepan de su turbia procedencia.  Magallanero a morir, de esos que suben fotos tukis de los navegantes del magallanes en el Facebook y etiqueta a sus 534 amigos. Magallanero de los que en una temporada desgastan las teclas del blackberry prepagado enviando cadenas por PIN a sus contactos. Tan magallanero como lo son las calcomanías con las que ha tapizado el vidrio trasero de su Corsa Opel del año 2001.

El Yoni tiene 27 años y viene de un barrio pobre de la periferia de la ciudad, de esos que en Venezuela sobran con calles sin asfaltar, sin red de cloacas, tendido eléctrico deficiente, rodeado de putas borrachas y mecánicos a granel. Yonathan fue criado con sus 7 hermanos (de distintos padres) en la casa de su abuela materna… pero ya todo eso pertenece al pasado. Gracias a la oportunidad que le dieron al ingresar en el CICPC pudo optar a rentar una habitación con baño y cocina compartida, aunque eso de “rentar” se trata mas un eufemismo para definir la coacción que ejerce al dueño de la habitación… si algo ha aprendido nuestro Torrente venezolano “el brazo amorfo de la ley” es como coaccionar con su placa y pistola para cubrir cualquier necesidad básica y alcanzar algunos caprichos.

Adicto a la cerveza, las putas, los carros tunning y las armas, tratando siempre de andar rodeado de mafiosos comerciantes, haciéndole “trabajitos” a estos grandes jefes con el único fin de ganarse el favor de los grandes capos, en el fondo Yoni sueña un día ser como uno de ellos… Andar humildemente a bordo de una Hummer H2, rodeado de mujeres con cabello oxigenado y tetas operadas, con un sombrero de paja estilo colombiano costeño y una cartera como la que usan las mujeres, pero la suya debe ser una Montblanc para hombres sujeta a su hombro, para darle un plus a esa cosa que los sujetos de la raza de Yoni llaman “caché”. Siente una fuerte pasión por el vallenato, es su ritmo predilecto para llevar a todo volumen en su Corsa Opel. Su hobby preferido es colarse en show públicos de artistas como Silvestre Dangond, el difunto Kaleb Morales, Los Inquietos, Celedon y Pipe Pelaez entre otros…  ¿y quién le puede negar un pase de cortesía a un efectivo del CICPC que en la calle tiene más poder que cualquier juez de un tribunal de primera instancia? Esa chapa que le guinda del cuello junto con la pistola le da a Yonathan una autoridad en las calles de su ciudad que envidiaría el mismo Zeus desde el olimpo.

Migleidis es la compañera sentimental del Yoni, una chica normal como las que abundan por el barrio, madre soltera con 22 años, a sus 17 un sujeto la embarazó y ahora carga con su hija de 4 años. Nunca pudo terminar el bachillerato pero tampoco es algo que a ella le importe, desde que conoció a Yoni supo que el sería su pareja ideal, el macho alfa de su comarca, el que le montaría el rancho y la sacaría de abajo.

Ya me da fastidio seguir describiendo al “Torrente” sudaca / bananero. Siento que si continuo mi ejercicio mental terminaré teniendo pesadillas con este sujeto vallenatero y magallanero. Quiero aclarar que no soy una persona racista, simplemente caigo en trances reflexivos que pueden resultar nocivos para la salud mental.

Por fortuna de los españoles, Jose Luís Torrente es un personaje de ficción protagonista de una parodia graciosa y entretenida. Para desgracia de Venezuela los cuerpos policiales están infectados de miles de Yoni Alvarez, unos peores que otros, subvencionados con impuestos pagados por ciudadanos venezolanos, manteniéndolos como pústulas de pus que rodean un trozo de carne con gangrena.

En nuestra sociedad está bien visto ser policía. Tienes un salario quincenal y una mínima estabilidad que te permite sobrevivir, además del beneficio de ejercer el poder en la calle a tus caprichos. Portar un arma y dispararla cuando creas necesario. Culpar y sembrar evidencias cuando se trate de algún inocente, el sueño de cualquier joven de clase media o baja con ansias de superarse. Sin embargo aun quedamos unos pocos que nos resulta amargo el hecho de saber que lo que se parodia en países del primer mundo es la realidad cotidiana con la que nos desayunamos todos los días en el tercer mundo.

Para los que crean que ser policía es lo peor les digo, no hay nada peor que el mero de hecho de querer ser policía.

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